Agustín se recibe de Administración Gastronomica y compra una cafetera Rilo Rina de dos grupos, motivado por el auge de la cafeteria de especialidad. Todavía no hay local y todavía no hay nombre.
Nosotros
Nuestra historia
Al costado de la ruta 3, donde el pavimento se curva al igual que los meandros del río que bordea, hay una vieja cabaña de madera y chapa que servía de oficina de una antigua turbera. La turba es un material orgánico característico de Tierra del Fuego y hace muchos años, antes de su prohibición, se extraía para venderlo como sustrato en la industria agrícola.
Mucho tiempo después de todo eso, la vieja turbera fue nuestro refugio y santuario. Entre la turba hubo asados, canciones, chapuzones, picaditos y noches de truco. La clase de ocio que no deja registro salvo en quienes lo vivieron. Con los años entendimos que ese lugar era el nombre que la cafetería todavía no tenía.
Agustín se asocia con alguien que tenía un local céntrico. Era una gran oportunidad para traer la cafeteria de especialidad a Ushuaia, y la posibilidad de conseguir un socio con local era inmejorable. Lamentablemente, el vínculo no prospera. La sociedad se disuelve antes de abrir. Parte de sus cosas quedan adentro, y adentro se quedan...
Federico, arquitecto y amigo, se suma al proyecto. Empiezan a pensar la cafetería nuevamente.
Agustín y Federico buscan cualquier lugar donde se pueda poner una cafetera para iniciar su proyecto, pero los locales en Ushuaia son pocos y nada aparece. Los pocos que hay en la calle principal no son para dos socios menores de treinta. Las respuestas son casi siempre la misma respuesta. Pasan los años y la cafetera sigue guardada. Agustín se gradúa de su MBA en Uade, surgen nuevos horizontes y parece que el sueño de la cafeteria de especialidad fue solo eso, un sueño de dos jóvenes
Aparece un local, de primera mano. Jonathan y Juan Manuel, con experiencia comercial en Ushuaia, se suman como socios. Por primera vez, hay dónde.
El local se diseña en dos semanas, contrarreloj, antes del inicio de obra. Federico lo proyecta desde Europa: está en Milán Design Week, presentando en el Salone Satellite, representando al diseño argentino.
La obra se hace en parte con una empresa constructora y en parte con las manos de los socios y la ayuda de amigos. El presupuesto es ajustado. Se construye lo que no se puede encargar.
Ocho años después, la cafetera que Agustín compró sin saber dónde la pondría encuentra su lugar. Es la misma. Mati, nuestro barista, la pone a punto y la enciende por primera vez en el sitio que le tocaba.
Turba abre en el fin del mundo. Le pusimos el nombre de una turbera al pie del monte Olivia, porque algunas cosas tardan en formarse —diez mil años la turba, ocho nosotros— y ninguna tiene apuro. Pasá. Se come bien. Se bebe bien. Se está bien.